Historias

El Dólar que veneraba a “Tirofijo”

El  Dólar que veneraba a “Tirofijo”

Viajar a La Uribe, municipio del Meta y encontrarse con “Dólar,” el perro del exjefe máximo de la Farc, Manuel Marulanda Vélez, alias “Tirofijo” es identificarse con el símbolo del enemigo contra quien durante 40 años luchó el grupo insurgente.

 ”Dólar era un perro pastor alemán que nunca abandonó a Marulanda ni siquiera en sueños porque mientras el jefe guerrillero dormía, éste cuidaba a los vigilantes de su amo y cuando uno de ellos comenzaba a cabecear de inmediato despertaba a su jefe y le informaba de la novedad.

 Pero, pese a todo el “amor” que “Dólar” profesaba por quien también fue conocido como Pedro Antonio Marín, un día desapareció y este hecho volvió malhumorado a “Tirofijo”. Sus escoltas le decían que habían visto al canino coqueteando con una perrita criolla que andaba con una comisión guerrillera recién llegada de Córdoba, después de buscarlo sin éxito, apareció, estaba enlodado hasta la cola y se le veía cansado, como si hubiera pasado una noche intensa, totalmente distinta a aquellas en las que custodiaba a Marulanda y de quienes están a cargo de cuidar el sueño de uno de los guerrilleros más buscados del mundo.

“Dólar” consciente de su indisciplina, se acercó a Marulanda y con su mirada huidiza reconocía ante su amo la falta cometida. En cambio éste lo miraba fijamente mientras fruncía el ceño y le hablaba como a un subalterno que había descuidado sus funciones. El tono fanáticamente paisa de Marulanda se dejó escuchar, sin descuidar la mirada sobre su interlocutor:

– Usted dónde andaba jovencito, hágame el favor y me explica,  preguntó, mientras guardaba silencio como esperando la respuesta. “Dólar” agachó la cabeza y con ella su mirada. Cuando el perro se aprestaba a retirarse, como buen regañado, Manuel Marulanda volvió a hablarle:

– A ver jovencito, ¿ dónde tiene su coca?

Y el can en su afán de encontrar su plato de comida, buscó y buscó pero encontró uno equivocado, todos pasaron el incidente menos Marulanda quien mirándolo fijamente le dijo:

– ¿Usted me cree bobo a mí, o qué? Usted sabe muy bien que esa coca no es la suya. 

El perro asustado como estaba corrió a buscar la propia, pero la encontró al otro día y se presentó ante el amo con el ruego suplicante de perdón y haciéndole entender  la urgencia de empacar pronto porque la selva y el enemigo no dan tregua.

 

 

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