La historia no contada de la imagen de la Virgen de Las Lajas

La historia no contada de la imagen de la Virgen de Las Lajas

Por Enrique Herrera Enríquez

De manera indiscutible, el Santuario de Las Lajas y la imagen de la Virgen del Rosario que allí se venera, es para gran parte de las gentes del departamento de Nariño y de manera particular para las de Ipiales, iconos de fe y profunda admiración que identifica su fervor religioso que se hace manifiesto en forma especial en el mes de septiembre cuando se celebran las festividades del sector. Hoy tocaremos este tema en cuanto a la historia de la imagen de la Virgen del Rosario y la construcción del Santuario de La Lajas.

-¡El Carchi! ¡Rumichaca! ¡El Cumbal y el Chiles! ¡Qué maravilla de paisajes! ¡Que profundidad de sus abismos! ¡Qué majestuosidad de sus montañas! ¡Esto asombroso! ¡Increíble! ¡Todo lo que estamos observando!- ha dicho de manera categórica el hombre de sayo vestido que monta un negro caballo y avanza adelante de la pequeña cabalgata. Es un fraile dominico de regular estatura y contextura. Tiene una luengua barba que contrasta con la tonsura de su corte de pelo en la cabeza. Es fray Pedro Bedón, gran predicador y pintor por afición que viene desde Quito, camino del destierro al tomar partido criticando el impuesto las alcabalas que implementara a partir del 15 de agosto de 1592, en esa jurisdicción, el corregidor, Diego López de Zúñiga.

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Bordeando los márgenes del río Carchi o Guáitara en predios de la Nueva Granada, se ha quedado abosorto, anonadado contemplando los profundos desfiladeros del cañón natural que encierra para si el gran caudal de aguas del fondo del río llamado también Pastaran por los lugareños. Una idea comienza a recabar en su cabeza cuando observa una gran muralla de piedra laja pulimentada a manera de pared, que se levanta y tiene su corte vertical sobre la profundidad del gran abismo. Su fe cristiana, amor a María, la madre de Jesús, no lo hace pensar dos veces y procede a acampar y preparar pinturas para plasmar sobre la pulida piedra la imagen de la Virgen María.

El territorio donde se encuentra ya no hace parte de la Provincia de Quito, aquí comienza su destierro y así parezca irónico obtiene como tal su plena libertad y con esa razón trabajaría tranquilo en pintar lo que más le gusta: ¡La imagen de María! ¡La madre de Jesús! ¡En su advocación de la del Rosario!

El trabajo no fue nada fácil al tener que hacerlo sobre la pulimentada piedra aprovechando el tosco andamio que construye al balanceo y queda a merced de los vientos del sector y la profundidad inalcanzable del abismo. Fue una labor cotidiana y permanente que se había propuesto ejecutar en cuanto tiempo dispusiese sin mediar consideración alguna. El paraje era solitario, nadie podría interrumpirlo y así dedicó todo cuanto sabía para dejar plasmado en la pulida piedra laja la imagen de María, la de la Virgen, la de la madre de Cristo Salvador.

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Terminada la obra, quedó absolutamente satisfecho. Tenia conocimiento que el sitio donde pintó la imagen estaba completamente resguardado, protegido de la lluvia, vientos fuertes y demás fenómenos naturales que pudiesen deteriorar la pintura. La laja que hiciera de lienzo se encontraba empotrada hacia adentro, en medio de las salientes piedras que en conjunto configuraban la gran muralla sobre el profundo abismo. Cargó luego con sus corotos y continuó rumbo a Santafé de Bogotá seguido por el pequeño grupo de leales compañeros y quienes tenían a cargo su traslado.

Pasó el tiempo y todo indica que un alguien desconocido por los anaqueles de la historia y la tradición de las gentes del lugar, dio aviso a sus demás congéneres, y el sitio de la imagen de la Virgen María, pintada sobre la piedra laja, se tornó en lugar de peregrinación de los fieles devotos que de manera inmediata bautizaron, llamaron a la imagen como la de La Virgen de Las Lajas.

Años después, un nuevo fraile, esta vez Fray Juan de Santa Gertrudis, de la Orden de Franciscanos Menores, llega a Pasto por allá en el año de 1759 y tiene cabal conocimiento de la que para entonces no existe discusión: ¡Es la Virgen de Las Lajas, al sur de la ciudad y en inmediaciones de Ipiales sobre la gran garganta del cañón del Guáitara!. El hecho bien lo relata en su libro que denomina «Maravillas de la Naturaleza» cuando en el Tomo III, capitulo 3, dice respecto a «lo que pasó en Taminango hasta que volvió de la Virgen de Las Lajas», al aceptar la invitación de un señor de Pasto para que celebre una misa que había prometido a dicha imagen. Decide entonces consultar con el Comisario de La Cruzada sobre donde quedaba ubicado el determinado lugar y otros pormenores, a lo cual éste responde: «Está dicho santuario en despoblado cosa de una legua y media del pueblo de Ipiales, y la señora que se venera es en traje de CONCEPCIÓN, y ella misma apareció en una laja, y de ahí tomó la denominación de la Virgen de Las Lajas».

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virgendelaslajas

Esta declaración que hace el Comisario de la Cruzada de nombre Melchor, es interesante tenerse en cuenta por cuanto como bien lo hemos leído se habla de una «señora que se venera en traje de CONCEPCIÓN…» y no de la advocación del Rosario como se conoce en la actualidad a la de Las Lajas. La anotación se torna mas desconcertante cuando por segunda vez Fray Juan de Santa Gertrudis hablando sobre la aparición del demonio en cercanías al lugar, escribe al respecto: «de unos años a esta parte hubo una persona devota que retirándose a esta soledad a ejercitarse por algunos meses en vida austera y penitente, hubo de reparar que en medio de esta laja se veía como un bosquejo muy delicado de la figura de la VIRGEN DE LA CONCEPCIÓN. Ello hubo de comunicar, y desde entonces empezó otra vez a frecuentarse el lugar, divulgándose por todas aquellas provincias circunvecinos el prodigio, y desde entonces dejo de aparecer el enemigo…»

Cabe preguntar cómo una persona de los conocimientos y experiencia de Fray Juan de Santa Gertrudis, avezado en el saber religioso que le permitía distinguir cual más, qué configuración presenta una imagen de la Virgen de La Concepción, está debe estar embarazada, el niño aun se encuentra en su vientre y en tal razón es abultado; en tanto, la de la Virgen del Rosario, tiene en uno de sus brazos al niño Jesús, torne a confundir las dos imágenes por cuanto nada aclara al respecto al estar frente al cuadro pintado en la pulida Laja, el cual describe así: «Ella (la piedra laja) tendrá de grueso cosa de un palmo; de ancho tendrá seis varas, y de alto nueve o diez. A la parte de abajo está esquinada pero arriba está cortada en arco. Ella (la piedra laja) está perfectamente parada y por detrás nadie sabe cómo está trabada al piso sobre varias lajas. Con mezcla se le ha formado un altar en que se le dicen las misas, y de un lado y otro hay varios tiestos clavados a propósito en que le conservan luz mucho tiempo de esta suerte».

«Meten en un tiesto de aquellos una torcida y le deslíen dos o tres libras de cebo, y entonces ponle luz, y esto allí se deja hasta que se acaba por si. Y como las romerías son continuas de todo el año, casi siempre tiene la Señora, luz. Allí cada cual que va hace varios rótulos con tinta o carbón con decorosos mote a la Señora, y yo también hice el mío, que dice:

La perla más pulida

que en fina concha cuaja

es la virgen de Las Lajas

en la Laja aparecida.

«Está este santuario en la mitad de la bajada para el puente Guáitara, y como los indios del pueblo de Potosí saben que de continuo van a ver a esta Señora mucha gente, todas las tardes salen por aquellas lomas a ver si hay gente. Y preguntan si hay misa.»

Fray Pedro Bedón, es un hábil pintor, que estando en Quito según se ha dicho, pintó varias imágenes de la Virgen del Rosario, su advocación preferida, y aun se ha planteado que cuando asume la responsabilidad de despatriado, pintó en el camino varias imágenes de María con esa advocación, la del Rosario. Se dice que en el cuadro de Las Lajas se puede observar sus iniciales como prueba de haber pintado el cuadro al oleo en referencia. Pero resulta inquietante la lectura que se ha hecho del escrito de Fray Juan de Santa Gertrudis, donde hace incapie en la imagen de la Concepción y no en la del Rosario como se conoce hoy. Continuemos analizando este importante episodio de la historia religiosa de la imagen de la Virgen de Las Lajas.

El fraile en referencia, es decir Fray Juan de Santa Gertrudis, solo habla de «la Señora…». Es decir, para nosotros acepta que lo que está observando es la imagen pintada sobre la laja de la Virgen de La Concepción y no la del Rosario que hoy se observa en la moderna basílica de Las Lajas. Las dos son completamente distintas de acuerdo al arte religioso del catolicismo. La de la Concepción no tiene niño y se entiende que presenta estado de gravidez, en cambio la del Rosario si tiene un niño cargado en su brazo.

Otro aspecto que llama la atención es que nada dice respecto a las dos imágenes en la parte inferior del par de frailes, uno dominico y otro franciscano, que hoy encontramos en la pintura de la Virgen de Las Lajas. Extraño por cuanto Fray Juan de Santa Gertrudis es muy descriptivo en sus anotaciones de viaje. Será, entonces, que las dos figuras descritas no estaban pintadas en aquel tiempo y en tal razón el fraile no las describe?.

Antes de conocerse la versión anterior, siempre se manejó de acuerdo a la tradición que la primera persona que vio la imagen de la Virgen de Las Lajas fue la pequeña indiecita Rosa Quiñones Mueses, sordomuda, que al pasar cerca a la gran muralla donde se encuentra pintada la imagen de la virgen de Las Lajas habló a María, su madre, respecto a que: «¡Mami, Mami, la mestiza me llama!», hecho que para Alberto Vela acontece el 14 de Septiembre de 1794, cuando por obra sobrenatural, la pequeña niña logra pronunciar palabras que obliga a su desconcertada madre a mirar hacia el lugar que le indica su hija y encuentra en efecto la imagen de la Virgen.

“Mami, Mami, la mestiza me llama” es la frase que hacen pronunciar a la niña sordomuda, los historiadores del evento. ¿Por qué la niña llama Mestiza a la imagen de Virgen María que se encuentra pintada sobre la piedra laja? Todo indica que de acuerdo con cuanto ha dicho el Fraile Fray Juan de Santa Gertrudis en cuanto a la ubicación de mechones o candelabros para un permanente alumbrado a la imagen, ennegreció la pintura y en tal razón la niña la observó como Mestiza y no del color que hoy tiene, donde es perfectamente blanca, nada de Mestiza. ¿Acaso, fue producto de un retoque en tiempos modernos? He escuchado a varias personas de edad avanzada, que en efecto hasta antes de la mitad del siglo XX, la imagen de la Virgen María al igual que el niño que tiene en sus brazos y los dos frailes que la acompañan, tenían cierto color oscuro que de un tiempo para acá fue aclarado para tener la imagen que hoy conocemos.

En el año de 1876, incursiona por estas tierras el botánico francés Eduardo André, quien escribe «América Equinocial», crónica que se publica dentro de la magna obra América Pintoresca que se edita en España en 1884 por parle de Montaner y Simón, la cual reedita Carvajal S.A. en diciembre de 1982.

En la crónica referida llama la atención los datos consignados por nuestro cronista respecto a la imagen de la Virgen de Las Lajas cuando afirma que: “la pintura, realmente notable pertenece a la escuela de Miguel de Santiago, de Quito y la figura de la Madre de Dios tiene expresión de las vírgenes de Murillo, con un dibujo sumamente correcto y un colorido más vivo todavía. Su tamaño es mitad del natural; lleva corona de oro, vestido de terciopelo encarnado bordado en oro y manto azul no menos brillante. Dos santos, el uno en de dominico y el otro de franciscano, según se supone, fueron pintados con posterioridad al descubrimiento, están arrodillados orando a sus pies. Un marco de cristales, de pésimo gusto, rodea el cuadro, a ambos lados del cual se ven flores artificiales, santos, ángeles de aniñada figura con sus alas desplegadas y finalmente la roca en su natural desnudez».

Interesante la afirmación de Eduardo André en cuanto a la pintura de los dos santos, los cuales «se supone fueron pintados con posterioridad al descubrimiento». Se entiende esta última palabra como descubrimiento de la pintura de la imagen de la Virgen de Las Lajas. El cronista es más grafico cuando dentro de su obra registra un dibujo donde detalla lo que describe.

Serán los expertos en arte de la pintura quienes podrán identificar con mayor claridad lo afirmado, remitiéndonos de nuestra parte a destacar como con el transcurrir del tiempo la pintura aun se conserva y en la actualidad se encuentra dentro de una espectacular basílica que es la admiración de las gentes por su belleza arquitectónica y su ubicación monumental sobre el abismo del torrentoso río Guáitara o Pastaran como le suele llamar popularmente las gentes del lugar. Bien se ha dicho que «el Santuario de Las Lajas en un milagro de Dios sobre el abismo».

El Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas, tiene inicio el 1 de enero de 1916 con la ubicación de la primera piedra, estando a cargo de la construcción el arquitecto autodidacta pastuso Lucindo Espinosa y a su muerte continuaron sus hijos, teniendo como planos iniciales los elaborados por el arquitecto ingeniero: J. Gualberto Pérez. La inauguración del Santuario acontece en agosto de 1949. En cuanto a la serie de esculturas, de acuerdo con el Luis Felipe Benavides Rosero, “Existen 32 obras pedestres, 3 grupos escultóricos, el ciego Rivera y María Mueses.

En 1951 el Vaticano decretó la coronación canónica de la imagen y el Santuario es declarado Basílica Menor; en 1984 se declara Monumento de interés cultural de Carácter Nacional; para el año 2007 se selecciona dentro de las 7 Maravillas de Colombia en concurso convocado por el periódico El Tiempo; y en el año 2015, el diario Británico The Dayly Telegrph, eligió al Santuario de Las Lajas dentro de 23 templos seleccionados, como el mas bello del mundo por su ubicación y arquitectura.

Hablando de la ubicación del Santuario de Las Lajas se encuentra dentro del Municipio de Ipiales a 85 kmts de Pasto, y a escasos 7 kmts de Ipiales, ciudad fronteriza con el Ecuador. En este mes de septiembre, durante las festividades que se hacen en su homenaje, es grande la afluencia de gente proveniente de varias regiones de Colombia y del Ecuador donde tiene devotos que permanentemente visitan el Santuario, mucho más por esta época.

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