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FILOSOFÍA DE CONVIVENCIA

FILOSOFÍA DE CONVIVENCIA

Observar  casonas antiguas y descubrir en ellas  diversas dolencias no físicas sino humanas  es la cotidianidad que se respira   a través de los muros que constituyen un inquilinato,  lugar donde  habitó Doña Olga durante algunos años de su vida

Esta forma de alojamiento colectiva donde varios grupos familiares  comparten  no solamente un cuarto o una habitación  sino también  sentires   expresados   en  problemas, peleas  y algunas veces el saludo de quienes  transitan por la misma senda se constituyen en el “pan de cada día” donde el sabor del mismo algunas veces se manifiesta en conflictos porque todos quieren ir al baño de primero,  o simplemente no son solidarios y cada  miembro de esta inmensa  vivienda tiene su propio mundo  y salir  de él no interesa.   Lo antagónico es que conseguir un albergue no es fácil y “uno no sabe  dónde va a llegar subraya la señora, pero hay que aprender la filosofía del inquilinato “Usted no se mete conmigo, ni yo con usted”

Uno de esos momentos tristes  que recuerda nuestra inquilina fue  cuando aspiraba a lavar su ropa porque había madrugado para lograr ese propósito, pero infortunadamente  en el piso de arriba, era poca el agua que   brotaba de la llave, bajó al lavadero del primero piso para verter  en su balde mayor cantidad del preciado líquido, como en el instante no había nadie, simplemente lo puso a llenar, pero una habitante de la casona sin pedir permiso fue poniendo su recipiente por encima  del ajeno y como alma noble que es la protagonista de esta historia decidió callar en lugar de  crear dificultades.

Doña Olga

Doña Olga, una lección de vida en Pasto

Con el nacimiento de su primer hijo  la vida cambió porque  tuvo que dejar su trabajo como empleada interna y salir a conquistar un nuevo espacio laboral y de  habitar,  pues sus patrones no aceptaron que siguiera cumpliendo sus deberes con un niño en brazos , pero estas nuevas  circunstancias no minaron sus fuerzas  y se dedicó a trabajos varios que incluían lavar, planchar, hacer aseo, el futuro de ese entonces cuando ella era una joven y madre primeriza le mostró un buen rostro pues su buen desempeño  permitió que conocidos vieran su potencial para el trabajo y la llamaran, con ese nuevo sueldo buscó una “piecita” en un alquiler colectivo y como cada paso de la vida tiene su contraste , el de Olga era tener y no tener ese  sitio donde recostar su cansado cuerpo después de la tarea cumplida, era propietaria de un lote que tenía múltiples herederos, quienes nunca se preocuparon por sacar fruto de ese bien, además los papeles no existen y algunos de los dueños ya han  partido, entonces “no había de otra” era arrendar quiera o no quiera en un inquilinato y para pagarlo reunió peso tras peso  hasta  completar el total , pero la comida era muy poca, pasó hambre, “yo solo hacía un caldito de papa sin aceite y sin cebolla” y el niño “coladita” sin leche.

A medida que el tiempo ha pasado  ha ido buscando nuevos lugares donde permanecer porque el convivir le enseña cosas que no son  de su agrado, por ejemplo se pierde la ropa, hay multitud de personas y a la vez enfrentamientos que le quitan la “sal” a la supervivencia.

Hoy en día  dejó el inquilinato y vive en casa, es difícil por el arriendo  pero la experiencia de vivir en esos lugares no ha cambiado su faz y la bondad y los comentarios que hace son amables  y brillan sus ojos cuando dice que su experiencia más bella es saber que pese a los trancones de la existencia, éstos  no la han derribado  y levanta su cabeza en alto  cuando dice: “Ni yo, ni mis hijos hemos caído en algún vicio”

El futuro es incierto, pero al mismo tiempo esperanzador porque  la Alcaldía abrió la oportunidad  para  formarse en cursos, doña Olga eligió manicure y pedicure, los elementos no les daban, entonces combinó aseo con ventas de dulces  para  tener su uniforme, esmaltes, pero como nada es completo, el dolor de los brazos no la ha abandonado porque soportó  el peso del cajón  donde ponía sus productos, al término de la  capacitación iniciará la etapa laboral  consistente en la  mediación  del ente municipal para solicitar un préstamo.

El primer trabajo a nivel de manicure y pedicure fue a nivel familiar y tenía como fin diseñar y decorar  la “faz” de las uñas  con la mezcla de colores y lazos ,pero la llegada al “podio de la belleza” se alcanzará un día no muy lejano cuando se convierta en una profesional  de la estética y  con este nuevo sustento dará prioridad a la salud que en el momento se encuentra  en declive, pero sin olvidar que el aseo en casas y apartamentos  son los motores que primero fueron   encendidos para aspirar a un mejor vivir.

Doña  Olga es una maestra de la vida donde el libro principal se escribe a diario con la tinta del sufrimiento, con el derramar lágrimas, pero sabe que ese prólogo  no termina nunca, cada día es un capítulo que además de padecer  también está ejemplificado con imágenes de amor  sobre todo a  su familia, pedestal de su lucha diaria.

Esta es la parte humana del transitar por la senda del inquilinato, pero es importante abordarlo como fenómeno sociológico, para ello  Nariño Info habló  con el Sociólogo Edmundo Gómez, especialista sobre el tema, quien primeramente estableció  la diferencia entre inquilinato y hacinamiento porque son temas que tienden a confundirse, el primero es una casa, un lugar que  en América latina tiene unas connotaciones  históricas relacionadas  con la llegada de los migrantes pobres a la ciudad, otra característica  es que éste es un lugar de paso,  aunque para otros la continuidad  “es un lazo que no se puede romper”, y  tal vez aquella particularidad que hace doler el alma  consiste en  desmoralizar la pobreza  porque  al cohabitar  con tantas personas es difícil  no enterarse de sus aconteceres, hechos que se convierten en un estilo de vida ceñido a costumbres como la misma jerga.

 Quienes permanecen en este universo social denominado inquilinato  tienen como característica fundamental “sobrevivir” porque sus condiciones a todo nivel son de extrema pobreza, por ejemplo, quien no ha reído y “convivido”   con  la vecindad del Chavo, donde un señor no tiene con qué pagar el arriendo, otro que obviamente va a cobrar, una “dama” que se cree de mejor familia, pero la realidad es que es igual a los demás  y un “niño” que vive en ciertas ocasiones en un barril, toda esas inmediaciones son la  gran representación de actores fabulosos de la comedia latinoamericana hecha vivencia  mediante el fenómeno social del inquilinato a través del cual se reproduce la pobreza.

En cambio el hacinamiento es una condición de la vivienda,  éste se da cuando en una habitación pequeña se sobrepasa el número de personas que comparten el mismo espacio anota el Sociólogo Edmundo Gómez, pero también existe el contraste que en una casa cuya vida es regida por comodidades y buenas condiciones  también puede haber hacinamiento si coexisten varios inquilinos.

 En síntesis, esta es una situación que debería preocupar a la administración nacional y departamental para mejorar las condiciones de vida, a pesar que en el momento existen las viviendas de interés social y además fuera de tener un tener un buen lugar donde morar, la dignidad humana estará siempre por encima de una infraestructura de cemento.

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