Inicio Noticias El pueblo indígena de Nariño que se lo está tragando la tierra

El pueblo indígena de Nariño que se lo está tragando la tierra

Compartir

El pueblo indígena de Nariño que se lo está tragando la tierra

La localidad de Aponte, que hace parte del resguardo indígena del Pueblo Inga del mismo nombre, ubicada al nororiente de la capital del departamento de Nariño, experimenta hace un año un fenómeno geológico que está afectando a un número considerable de viviendas.

Aponte es un caserío de aproximadamente 503 viviendas y uno 1800 pobladores, constituyéndose en el centro más poblado del resguardo y sede del Cabildo Mayor de la única etnia Inga existente en Nariño y que a su vez hace parte de los siete pueblos ancestrales que habitan el Departamento.

Antes de constituirse en resguardo, este territorio ancestral hacía parte política y administrativamente del municipio de El Tablón de Gómez como un corregimiento más. Poco a poco, luego de la Constitución de 1991, el pueblo Inga de Aponte ha visto cristalizadas sus luchas reivindicatorias por el territorio, aunque aún como lo dicen sus mismos líderes y lideresas, hay mucho camino por recorrer.

Carlos Tamabioy y el camino hacia el nuevo territorio

Según los datos que los mismos líderes han recabado, el pueblo Inga asentado en esta parte de Nariño, llegó fruto de la migración económica a mediados del siglo XVI, años de 1550, otros datos indican que pudo ser alrededor de 1650.

Lea también: Informe sobre la visita del gobernador de Nariño a la comunidad de Aponte

Bajo el gobierno del Cacique Carlos Tamabioy, proveniente del Valle de Sibundoy, Putumayo, los primeros habitantes cruzaron la espesa selva que sirve de límite en los ahora departamentos de Nariño y Putumayo y se asentaron en lo que hoy es el poblado de Aponte y sus alrededores.

Para los integrantes del resguardo, este hecho fundacional es vital en lo que ha constituido la vida del pueblo Inga de Aponte y ha sido base para la construcción de su identidad y la lucha por el reconocimiento de su derechos. Por ello, la plaza, la que queda cerca de la capilla doctrinera construida por los misioneros católicos, es el centro vital donde el Cacique Carlos Tamabioy dio inicio a la historia de un nuevo pueblo, único, especial y combativo.

Las luchas del Pueblo Inga

La lucha del pueblo por su reconocimiento como tal, por la defensa del territorio y con ello sus usos y costumbres ha sido incansable.

puebloaponte
Foto: Juan Pablo Villota, narino.info

   

Han tenido que luchar en el mismo territorio por su reconocimiento, en muchas ocasiones frente a las incomprensiones de la administración municipal, por los famosos vacíos que aún no se han resuelto por la falta de una verdadera Ley Orgánica Territorial.

Otra lucha ha sido la recuperación de su idioma, el inga, sus tradiciones y sus creencias. El avasallamiento por parte de “occidente”, la imposición de la cultura española y la religión católica como nuevas estructuras organizacionales hizo mella en su identidad de pueblo ancestral. Esta lucha cultural frente a los invisibles que bajo lenguajes excluyentes ha minusvalorado el saber ancestral indígena es un combate de nunca acabar por su pervivencia.

Igual ha sucedido con la entrada del conflicto armado a su territorio; cuando buscaban consolidar la historia de su pueblo, los armados de uno y otra parte ingresaron escindiendo la organización. El dolor, el miedo y la muerte se convirtieron en la nueva ley y orden que imperaron por varios años, repitiendo en un ciclo extraño de dolor la búsqueda por su identidad.

Y con el conflicto ingresaron de la mano, como paralelo cual si fuera en Colombia un “matrimonio indisoluble”, los cultivos de uso ilícito y más concretamente la siembra de la amapola. El verde de la cordillera se cubrió de la belleza de los jardines amapoleros pero también se cubrió de dinero fácil, se llenó el poblado de extraños, de armas, licor y sobre todo de nuevas costumbres que desdibujaron al pueblo Inga.

No han sido años, ni décadas, han sido siglos de lucha por ser lo que el cacique Carlos Tamabioy deseó ser, un día de una fecha perdida entre los albores del colonizaje español y el exterminio de pueblos milenarios de este continente, ser un pueblo en un nuevo territorio que la Madre Tierra les había prodigado sabiamente.

Hoy el reto lo coloca la tierra, la Madre que respetan y veneran y la cual les prodiga el buen vivir del que se sienten orgullosos. Algún mensaje de sabiduría debe venir con el fenómeno y el pueblo debe estar atento a saber interpretar lo que la Madre Tierra les está diciendo.

Historia de luchas y reconocimientos

En medio de la crisis generada por la aparición de la falla como un voraz mito que come tierra y va abriéndose camino por el poblado, rasgando heridas en la tierra y cicatrices en sus viviendas, el PNUD anunció que el Pueblo Inga era uno de los ganadores del Premio Ecuatorial que año tras año esta organización entrega.

Un premio internacional, como lo indica el portal web de Naciones Unidas -nacionesunidas.org.co- , “que recompensa los esfuerzos comunitarios más destacados en la lucha para reducir la pobreza, proteger la naturaleza y fortalecer la resiliencia ante el cambio climático”. Es un premio que recompensa los esfuerzos colectivos y no los individuales, lo que ya dice por sí la lucha del pueblo Inga por su territorio y conservación.

Hernando Chindoy Chindoy, gobernador por muchos años del resguardo, líder nacido de las luchas y la organización, quien nos ha invitado a evidenciar y dar a conocer la tragedia que atravieza ahora el pueblo Inga, nos cuenta un poco de lo que fue este reconocimiento.

Sabe que el reconocimiento es importante y a su vez impulsará el camino que con esfuerzo han recorrido pero por ahora parece no trasnocharle ni inmutarle tanto el premio como lo que acontece en el territorio y la tragedia que siente avizorarse y que no ha sido atendida de forma tan rápida como se debería. Es la historia de Colombia, de tragedias anunciadas y de respuestas tardías por los gobiernos de turno.

La tragedia que avanza por el poblado

Llegados al poblado, recibidos cortésmente por el señor Gobernador Oscar Janamejoy y los cabildantes, recorremos el poblado y el avance de lo que no podríamos describir como una falla geológica, ese será trabajo de los expertos determinar su origen y por ende sus características y denominación.

aponteinga
Foto: Juan Pablo Villota, narino.info

Lo cierto es que se pueden observar grandes grietas en la tierra, abras que han partido el suelo y que alcanzan en algunos puntos profundidades evidentes y preocupantes. Casi como si en la región se hubiera presentado un sismo de proporciones considerables.

El recorrido nos ha llevado por todo el poblado y a medida que avanzamos sus moradores narran entre temor y dolor lo que viene aconteciendo en menos de un año.

No es una falla o agrietamiento que existiera desde la fundación del poblado ni nada por el estilo. Los afectados y los habitantes describen que las grietas aparecieron de repente a inicios del año pasado y que progresivamente han ido creciendo. Calculamos que las grietas desde donde se originaron hasta el punto en que actualmente se evidencian pueden alcanzar un kilómetro de largo.

Prácticamente atraviesa al poblado de abajo hacia arriba y deriva nuevos ramales que se internan en la parte alta del mismo. Según los datos que el arquitecto Germán Córdoba, profesional nativo de Aponte, nos entrega preliminarmente 38 casas están destruidas, 221 tienen averías de nivel 2, 108 averías de nivel 1 y unas 155 presentan alto riesgo de afectación estructural.

Córdoba vino a pasar vacaciones a su pueblo natal y ante el desastre que se evidencia y por petición del cabildo se ha quedado para acompañarlos. Lo hace ad honorem, pero la inminencia del desastre le hace pensar que tendrá que quedarse a trabajar en su tierra por más tiempo y buscar sus ingresos.

Un riesgo que comenzó a crecer

Del total de las viviendas 51 ya han sido desalojadas, pero muchos de los habitantes permanecen en las casas que presentan grave riesgo de desplome o de mayor resquebrajamiento y deslizamiento de las losas del piso; no las desalojan porque se quieran quedar sino porque aún no se ha implementado un plan de contingencia que permitan reubicarles temporalmente.

Lea también: ‘La Madre Tierra nos está hablando’

Las grietas parece que tuvieran vida propia. Don Libardo, un avezado líder del cabildo, nos cuenta que cada día las grietas avanzan y en nuevas casas aparecen resquebrajamientos como pequeñas fisuras que luego se convierten en grietas enormes.

¿Qué las genera? ¿Cuál es la causa? Por ahora y hasta no tener los resultados de estudios que fueron a hacer ingenieros Geólogos de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, que posiblemente tardarán cuatro meses, cualquier cosa que se diga es pura especulación y lo único que haría es generar más zozobra entre los pobladores.

Una de las pobladoras afectadas indica que se siente como si la tierra temblara y que de pronto las pequeñas grietas toman dimensiones preocupantes. El registro fotográfico así lo evidencia y no es “ningún montaje” como lo reitera varias veces don Querubín Janamejoy, sabio hombre de la comarca, que indica que la Madre Tierra reclama por las faltas cometidas por los seres humanos y que es necesario reconciliarse con ella.

La tristeza, desolación e incertidumbre se asoma en los rostros de los pobladores. Se vive una tensa calma como esperando que algo mayor ocurra pero a la vez deseando que la respuesta por parte de los organismos gubernamentales pertinentes llegue de manera rápida y eficiente.

“Es toda una vida de trabajo, la vida mía y de mi familia están en esta casa” afirma con dolor otro de los afectados y unas pequeñas lágrimas asoman en el rostro de un hombre curtido por el trabajo del campo. La afectación psicológica es evidente y también es un tema que requiere inmediata atención.

Nuestra jornada de captura de imágenes y testimonios termina y los integrantes del equipo nos miramos los unos a los otros y esperamos poder contribuir desde nuestra labor en la solución de la afectación pero sabemos que es una tragedia que requiere inmediata atención. Aunque en Colombia pareciera que nos hemos acostumbrado a los desastres, este no puede ser otro caso más para la historia.

Hernando Chindoy lo sabe, el gobernador del Cabildo y sus cabildantes igual; el arquitecto Córdoba lo reitera, nuestros amables acompañantes lo avizoran y reafirman y los habitantes de los hogares afectados y la comunidad en general esperan que por la esquina izquierda del poblado por donde irrumpe la única carretera que les comunica con la ciudad de Pasto ingresen las personas con las respuestas adecuadas a sus angustias.

Esperamos que así sea y que a su vez la solidaridad de los y las nariñenses aflore para con este pueblo, guerrero y ejemplo de lucha y convivencia pacífica.