Voces ciudadanas

Crónica de un docente evaluado: El Concurso Docente

Crónica de un docente evaluado: El Concurso Docente

Por LEWIS MORENO

lewismore3@hotmail.com

Al mejor estilo de Gabriel García Márquez Q.E.P.D, la situación de un maestro en Colombia definitivamente está llena de realismo mágico, ese que los estudiantes  y padres de familia conocen y viven a diario pero que aun cuando está ante sus ojos, pareciendo algo natural, pasa desapercibido  generando tristeza y desconcierto en los maestros quienes esperan que la comunidad reclame sus derechos pero que también respalde la labor del docente.

El día en que lo iban a evaluar, Santiago Rodríguez  se despertó a las 6:00 de la mañana para esperar la hora del examen  que lo catapultaría a trabajar como docente de una institución pública en el territorio colombiano. Había soñado que luego de atravesar por toda una vida universitaria llena de altibajos  pudo realmente conocer la importancia de la educación en la vida de un ser humano; en el sueño recordó que siempre quiso realizar una labor social usando como herramienta la educación y que estudiando para ser maestros lograría cumplir su sueño. Largas horas de preparación para exponer un trabajo a la Profesora de teoría, enfoque y modelos, preparación de una obra de teatro que representaría una de las religiones del mundo para la clase del profesor de literatura americana y organizar, preparar y desarrollar las clase para las practicas escolares y así poder cumplir con las horas a la profesora de prácticas pedagógicas fueron algunos de los recuerdos presentes en sus sueños , y por ese instante fue realmente feliz durante el sueño, pero al despertar  se sintió realmente aturdido por la prueba que presentaría en un par de horas  que definiría su futuro  y el de su familia.

La noche anterior  Santiago Rodríguez había dormido muy poco, despertó con dolor de cabeza, pero los interpreto como estragos naturales por  haber estudiado hasta poco más de la media noche. Más aun, las muchas horas de estudio y de repaso de ejercicios con otros compañeros que también se preparaban para presentar el concurso docente y que les consumió muchas horas de sueño. La mañana del examen, Santiago Rodríguez se puso un pantalón, una camisa  y un par de zapatos clásico negro atuendo que claramente se veía bien para la ocasión, luego tomo su motocicleta y se dirigió hacia la Institución Educativa los Zenúes donde presentaría su prueba. A su llegada se dio cuenta de la multitud que hacia presencia en ese colegio  se mostraban con optimismo y ganas de iniciar el examen, había cientos de maestros – de matemáticas, ingles, sociales, filosofía, biología, etc., compañeros altos, bajitos, delgados, grueso, mechudos, calvos- pero todos convencidos de dar lo mejor de sí pues solo los mejores serian los seleccionados por  meritocracia para educar a los niños y niñas de Colombia.

El día en que presentaría el examen, su madre pensó que se había equivocado de fecha,  al verlo vestido de manera tan elegante, le recordó que era Domingo pero Santiago le dijo que se había vestido de esa manera porque  estaba convencido de la importancia del examen además de convencerla que de esa manera elegante debía vestir el próximo docente de Colombia pues así se lo había hecho saber su profesora de Desarrollo Humano en la Universidad.

 

Santiago Rodríguez atravesó las puertas de la institución al paso que los demás compañeros docentes lo hacían también, entre la multitud que lo rodeaba y caminando en búsqueda del aula  donde presentaría el examen, recordaba sus épocas de estudiante de colegio cuando rompiendo filas después de las formaciones de los Lunes y Viernes con pasos muy rápidos casi que corriendo buscaba su salón antes que los demás para poder seleccionar la silla en mejor estado que le garantizaría comodidad para atender las clases, de lo contrario podría hasta no encontrar ninguna por la falta de este mobiliario que era característica de las aulas de clase de los colegios colombianos en ese entonces. Pero vaya sorpresa, al llegar al aula 103 Santiago Rodríguez se percato del mal estado en que veía muchas de las sillas que permanecían en el salón esperándolos a ellos y casi que de manera predictiva  al desear que al menos no le tocara aquella que se veía en peor estado a las demás, cuando lo llamaron a pasar al aula y tomar asiento tristemente le toco esa silla; la ventilación era insuficiente para los casi 40 docentes que estaban citados en ese salón junto con Santiago pues solo habían dos ventiladores de techo que giraban casi a la par de las manecillas del segundero de un reloj de pared.

Habían pasado solo un par de horas desde que Santiago y el resto de Maestros habían iniciado a leer y responder las preguntas con las que estaban siendo evaluados, cuando de manera sorpresiva todos levantaron la mirada, mientras uno de ellos con voz de angustia y desespero dijo : “ lo que faltaba, se fue la energía” casi que de inmediato empezó la incomodidad y el desespero de quienes se encontraban presentes pues, sabían que si no se restablecía el servicio, las condiciones para presentar un excelente examen no serian optimas ya que la temperatura ambiente en la ciudad a eso de las 11:00 de la mañana normalmente alcanza los 36 grados centígrados. Próximo a cumplir las 4 horas de duración de la prueba, la energía no se había restablecido pero aun así ante la alta temperatura, la incomodidad y el ruido de los carros y motos que a esa hora transitaban cerca a la institución, no fue impedimento para que Santiago Rodríguez y sus colegas pudieran culminar la primera sesión de ese día.

A la salida, Santiago Rodríguez había recordado que para esos días no había llovido ni en todo el mes, el sol  calentó mucho más temprano que en los meses anteriores Y mientras bajaban las escaleras para ir a casa a almorzar y poder regresar a tiempo a la segunda sesión nadie podía entender tantas calamidades funestas en apenas medio día.

Habían dado la 1:30 pm y con el sueño característico que se produce después de almorzar un delicioso sancocho de bocachico Santiago llegó al salón junto con sus demás compañeros para iniciar nuevamente el examen. Al entrar al lugar, todos se percataron del movimiento de las hélices  del ventilador que lentamente tomaban impulso y mostraban a los asistentes casi que como un soplo del Espíritu Santo,  que la energía estaba de vuelta. Santiago Rodríguez tenía motivos para una vez más  demostrar de qué estaba hecho, su sueño de ser uno de los mejores educadores no se truncaría ante la adversidad y con las mismas ganas retomo la lectura de las preguntas para responderlas con profesionalismo.

Con la satisfacción del deber cumplido, habiéndolo dejado todo en la evaluación, esa que le permitiría ingresar al gremio de los mejores docentes de Colombia elegidos mediante concurso, Santiago Rodríguez entrego su hoja de respuesta junto con la cartilla de las preguntas y se dirigió hacia la puesta que daba salida  al pasillo que le permitirá llegar  a las afueras del colegio.  Mientras caminaba por el polideportivo de la institución, se percato  del deterioro de este, grietas en la estructura de cemento por donde rodaría el balón y agujeros en el tejado por donde atreves de ellos, se podía observar un rayo de luz solar que se reflejaba en su rostro. Su curiosidad lo llevo a observar a través de la ventana de un aula donde arriba de la  puerta se podía leer – Lab ra orio de quimi-  lo que lo hacía suponer que sería el laboratorio de química si no fuera por el mal estado de la madera producto del comején que a su paso dejaba su rastro en la pared hacia el techo del laboratorio.  Dos muros de cemento atravesaban de manera frontal desde donde se suponía que estaba un tablero hasta el final del pasillo, alrededor de 15 escobas, varios traperos, dos parlantes, algunas tejas de eternit, algunos balones de fútbol y otros que parecían arepas de huevo de esas que venden en el Carmen de Bolívar, al menos cinco monitores de computadores de esos que ya casi no se usan  y un armario de madera donde supuso estarían lo implementos y reactivos para las clases de química.

Santiago Rodríguez sabia que la labor que podría desempeñar no sería fácil, el conocía de primera mano las situaciones que vivió como estudiante de una institución pública pero que también recordaba los desafíos por los que tenían que pasar sus maestros para poder desarrollar las clases que él recibía. Con la ilusión de saber de que esa situación podía cambiar a futuro y con un suspiro de esos de felicidad, Santiago recordaba que no solo ganar el examen con una puntuación sobre 60 lo llevaría a iniciar su carrera profesional en la docencia si no que también debía cumplir con los requisitos mínimos como su diploma, años de experiencia como docente, estudios de postgrados, entre otros.

Cuatro meses después de la presentación del examen Santiago ya podía descargar sus resultados desde la página de la Comisión Nacional del Servicio Civil. Los nervios lo invadieron en ese momento cuando se disponía a completar la información requerida para poder obtenerlos visualizado en la pantalla de su computador sin embargo, estaba convencido de haber obtenido muy buenos resultados pues en su paso por la universidad se había destacado como uno de los mejores estudiantes de la licenciatura y así fue, con un contundente 70 en la prueba de aptitudes  y competencias básicas además de un 85 en la prueba psicotécnica Santiago Rodríguez levanto su mano en señal de victoria al tiempo que con emoción y felicidad en su rostro gritó tan fuerte – Gané el concurso docente, Dios mío!-  que varios vecinos vinieron a felicitarlo por el logro que había obtenido.

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